6 Jun 09

En la figura de Domingo “Poroto” Splendiani

Ingeniero White, tiene actualmente la atención de dos farmacias, la tradicional Británica, hoy Farmacia Morán, de calle Siches 3977 y la Farmacia Espósito, sita en Avenente y Sisco. Anteriormente y según consta en una publicación del diario “El Puerto”, del año 1928, el pueblo tenía la, ya nombrada, Británica y la Farmacia “Del Pueblo”, que ocupaba la esquina de Mascarello y Elsegood (hoy Belgrano)
Los comentarios de la publicación expresan: “Es el Señor Valentín Morán, de la ´Farmacia Británica´, un hombre laborioso, afable e inteligente, con sus correctos procederes y trato llano y afectuoso para el público (…) antes que al comerciante (encontró) al vecino dispuesto en todo instantes a condolerse y aliviar las necesidades ajenas. (…) y a través de los años ha conquistado, a fuerza de tesón y constancia, una admirable posición económica y, lo que es más, la confianza absoluta del público, en las recetas y artículos que despacha.”
Con respeto a la otra farmacia, dice: “La Farmacia ´Del Pueblo´, es atendida por una persona que reúne todas las condiciones de idoneidad necesarias para un establecimiento que ha de llenar una misión tan delicada como el despacho de drogas y medicamentos de los que dependen en gran parte la salud de los pacientes. El señor (Miguel) Roassio fue empleado durante 12 años de la Farmacia ´Del Mercado¨ en Bahía Blanca.” Continúa relatando que fundó una farmacia ´Del León´ en Bahía Blanca que vendió en 1925, para establecerse en nuestro pueblo en agosto de 1926 y finaliza: “ Ha podido observar el joven profesional, que no equivocó el camino cuandose decidió a establecerse en Ingeniero White, confiando en el inteligente favor de la población”.
Años más tarde se produjo el traslado de la farmacia “Del Pueblo” a Bahía Blanca y en el local de Harris (hoy Brown) y Guillermo Torres, abrió la farmacia de don Luis Guglielmetti, que nominaba su apellido.
La Farmacia,es la ciencia y práctica de la preparación y dispensación de fármacos; también el lugar donde se preparan los productos medicinales y el lugar donde se dispensan, pero éste es llamado oficina de farmacia para distinguir el concepto de ciencia con el concepto de lugar. La farmacia es un área de la Materia Médica, rama de las ciencias de la salud, que se estudia la procedencia, naturaleza, propiedades, y preparación de medicamentos.
Los farmacéuticos son los profesionales de la salud expertos en los medicamentos, pueden regentear una farmacia, trabajar en un hospital, colaborar en la administración pública en el control del uso de medicamentos u ostentar la dirección técnica de un laboratorio farmacéutico o de una distribuidora de medicamentos al por mayor . No son simples dispensadores de medicamentos, deben conocer los efectos que los medicamentos pueden provocar en el cuerpo humano.
Muchas veces el farmacéutico recibe del médico, una receta que incluye la medicina que debe darle al paciente. Pero otras ocasiones pueden dispensar medicamentos sin necesidad de receta. El farmacéutico debe remitir al cliente al médico en caso de que lo vea necesario. Algunos ejemplos de una actuación correcta de un farmacéutico podrían ser:
- Aconsejar un medicamento sin receta para un resfriado.
- Remitir al médico a un cliente al que se le note claramente qué enfermedad o molestia tiene.
Una práctica correcta pero no estrictamente legal podría ser vender o administrar un medicamento que requiere receta en un caso de emergencia, como un ataque cardiaco a esto se le conoce como dispensación ética. Los farmacéuticos en algunos países pueden ser llamados Químicos Farmacéuticos. Pero esta denominación puede inducir a error, por ejemplo en Italia existen de forma separada las titulaciones de Licenciado en Farmacia y de Licenciado en Química Farmacéutica, otro
ejemplo sería en Chile, donde se dicta la carrera de Química y Farmacia que al cabo de un plan de estudios de pregrado de seis años, otorga el título de Químico Farmacéutico. Los Químicos Farmacéuticos tienen otros campos de especialidad que incluyen desde la industria, el análisis y control de calidad, hasta la investigación de medicamentos para la cura de muchas enfermedades. Los farmacéuticos estudian Farmacología, Biología, Botánica, Fisicoquímica, Fitoquímica, Bioquímica, Anatomía, Tecnología farmacéutica (antiguamente denominada Galénica), Fisiología entre otros. Cometido: Preparar medicinas (fórmulas magistrales, preparados oficinales en la oficina de farmacia)
- Expender los medicamentos que dice la receta
- Expender remedios no dañinos sin la receta
- Proporcionar cuidado farmacéutico
- Enviar a los clientes a un especialista si es necesario.
Hecha la reseña de los establecimientos farmacéuticos whitenses, queremos recordar todas las atenciones que, más allá de la transacción comercial, de una receta o de un remedio, nos prodigaban los dueños y los empleados de esos santuarios de la salud.
No ocuparemos, primeramente de un personaje como era don Valentín Morán, quien como nos recuerda nuestro amigo Conrado De Lucía, nos hacía ruborizar de nuestras dolencia cuando, a media voz, le solicitábamos alguna indicación o algún alivio para nuestras cuitas, para no dar pábulo a las sonrisas cachadoras, de los demás clientes y muy suelto vozarrón mediante, te enrostraba: “¡Debes tomar un purgante! ¡¡¡MARCHE UNA LIMONADA ROGE, PARA UNO!!! Ni recordar cuando el artículo era de otro tipo. Que alivio era cuando nos atendían Gerónimo Jorgevich o Domingo “Poroto” Splendiani, tan reservados, cálidos y amigables.
Una curiosidad, me refiere el Licenciado Conrado De Lucía:
(…)“tengo entendido que tanto Splendiani como Jorgevich, al igual que don Valentín Morán, no eran farmacéuticos universitarios, sino que tenían el título, oficialmente reconocido, de “Idóneo en farmacia”, que les era otorgado a su vez por un farmacéutico que daba fe de haber comprobado sus conocimientos, o sea de su idoneidad. Resulta curioso que esa palabra, que tiene un significado genérico aplicable a cualquier oficio, sólo se haya institucionalizado en el caso de la farmacia –que es una ciencia cuyos preparados se venden en una botica, comercio al que nosotros llamamos “farmacia”–.
La idoneidad se menciona también en la Constitución, en el artículo que dice –creo que es el 19– “Todos los habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad”
(ojalá fuera cierto).
Los sobrecitos de bicarbonato y tantos otros productos que vendía la Farmacia “Británica” decían “María del Carmen Bidegorry de Morán Obiol, farmacéutica. Idóneo: Valentín Morán. Pedrito también era farmacéutico, pero no podía usar el título porque tenía dedicación exclusiva en la Universidad del Sur, en donde llegó a ser Vicerrector.(…) El nombre de la farmacia “Británica” fue reemplazado por “Morán” al producirse la guerra de las Malvinas, como se hizo también en otros lugares, particularmente en Buenos Aires con la vieja Farmacia Franco Inglesa, que pasó a llamarse Farmacia Argentina. Lástima que de todos modos la guerra se perdió, como era casi inevitable.
Antes de referirme especialmente a “Poroto” Splendiani, quiero memorar que pasaron por la farmacia de don Valentín, miembros de su familia, como ocurre actualmente, que la dirige la nieta del fundador, Amparo.
Y nítidamente, me provoca una sonrisa nostálgica cuando recuerdo la atención vacilante y repetitiva de Roberto Morán.
Poroto Splendiani, a quien recuerdo, no demasiado alto, cargado de hombros, con sus dedos teñidos de nicotina, coloración que se repetía en su bigote entrecano, mirada inteligente, tras los anteojos, la sonrisa comprensiva y el consejo o el comentario acertado.
Una circunstancia personal,
Con Poroto Splendiani, nos unía una respetuosa amistad a través de la afabilidad con que prestaba su labor en las farmacias. Y esa amistad de a poco se transformó en un profundo respeto por el profesional, dados dos casos entre otros, que lo tuvo como protagonista. Cuando nació mi hijo en 1962, tuvo una serie dolencias propias de la primera infancia, como diarreas y estados gripales bastante repetitivos, a tal punto que habíamos dis-puesto no repetir la esperiencia de más hijos, acobardados como estábamos. Luego de un período de bronquitis, observamos que el nene estaba continuamente fatigado. Consulta al pediatra y un diagnóstico inicial, inflamación del bazo, con probable necesidad de extirpación. Nueva consulta con un cirujano pediatra y confirmación de la presunción inicial. Se solicitaron los análisis de práctica y entre otras prácticas se estableció una radiografía por contraste, para lo cual debía ingerir un líquido blanco y otras medicinas.
Cuando, con el ánimo por el piso, concurro a la farmacia para comprar todo lo recetado, justamente Poroto Splendiani, me pregunta qué me pasa, para tener que tomar ese medicamento y le explico que era para mi hijo, que debían extirparle el bazo, que estaba muy dilatado, se enojó como nunca y me dijo: “Lo que tiene tu nene es una secuela de los estados bronquiales recientes y se cura con una aspirina” (Todavía en ese tiempo no se hablaba de virus)
Se realizaron todos los estudios pedidos, incluso uno relativo a la sangre, en el que intervino el especialista Dr. Regino Álvarez, (que tiene un lejano parentesco con mi familia). También una consulta interdisciplinaria entre pediatras, cirujanos y otros médicos. y a través del Dr. Álvarez, nos llegó la conclusión, se suspendía la intervención quirúrgica, ya que el problema del bazo era producido por la localización de no recuerdo qué cosa, y que solo debía vigilarse y controlarse si parecía fiebre, con algún analgésico.
Vuelto al pediatra, reconfortado por la anulación de la operación y en cierta medida también por el respaldo médico, que agotan las posibilidades de estudio del tema. Cuando le referí al médico la charla con Splendiani, me repreguntó, “¿Es el mismo que les cambió la leche?” Y al decirle que sí, recordé que luego de probar varias leches maternizadas que el organismo rechazaba provocando diarreas y descomposturas, creo que fue la tercera vez que cambiaba, Poroto me dijo, “¿Porque no le preguntás al médico, si puede ser leche “Karauberre”? (creo que ese era el nombre) Y el pediátra se tocó la frente con la mano y nos dijo: “¡Tiene razón ese hombre!” Se cambió la leche y se terminó el problema.
Por eso siempre me pregunto, además de el conocimiento que le había proporcionado la Facultad, Poroto tenía una intuición inigualable, además del consejo, la palabra queda que tranquiliza.
Y cuando luego del susto, concurrí a la farmacia, al verme, solícito me preguntó por la salud de mi hijo. Le dije que todo estaba bien, que como él me había anticipado, era consecuencia de los estados bronquiales,como un gran tipo que era, al encender un nuevo cigarrillo,la llama del encendedor iluminó su rostro ruborizado.

NOTA: Detalle de farmacias whitenses:

Gugliemetti de Luis Gugliemetti (luego Costabel)– Británica de Valentín Morán – Del Pueblo de Miguel Roassio- Spósito de Severo Spósito.

Antes, según la colaboración del farmacéutico Ricardo Omar Matonti,  existieron entre otras la farmacia Fortunato Costa, la de Di Lorenzo y la de Ángel Orbea.


Archivado en: GUAITE, NEGOCIOS Y OFICIOS - Trackback Uri

Comments are closed.